En Concordia, la historia cobra un significado especial a través del testimonio del ex combatiente Guillermo Pérez, quien formó parte de aquella histórica misión.
Cada 2 de abril, el país rinde homenaje a los veteranos y a los caídos en la Guerra de Malvinas, ocurrida en 1982. En este 2026, al cumplirse 44 años del inicio del conflicto con el desembarco argentino en las islas, se multiplican los actos oficiales, vigilias y homenajes en distintas ciudades del país, reafirmando el compromiso con la memoria y la soberanía nacional.
Operación Rosario
La denominada Operación Rosario marcó el inicio de la recuperación de las islas por parte de las fuerzas argentinas. Para Concordia, este hecho histórico tiene un valor particular: entre los primeros soldados que pisaron territorio malvinense se encontraba el Cabo Primero Electricista y Técnico en Grandes Centrales Telefónicas, Guillermo Pérez, integrante de la Armada Argentina.
Pérez se desempeñaba a bordo del destructor misilístico ARA Santísima Trinidad, una de las embarcaciones clave en el operativo, que por entonces se incorporaba a la flota de mar.

El arribo a las Islas
En diálogo con El Concordiense, Pérez recordó las horas previas al desembarco como momentos de extrema tensión. “El primer día en las islas fueron momentos difíciles. El primero de abril a las 21 horas empezamos a desembarcar a los infantes de marina y comandos, y ver la costa por primera vez”, relató.
El ex combatiente destacó el riesgo que implicaba la operación nocturna: “Era Jueves Santo, al otro día Viernes Santo, y la luna estaba en su mayor esplendor. La costa se veía con mucha facilidad, lo que aumentaba el peligro” y añadió que “hubo muchos momentos de nervios e incertidumbre. Nadie durmió esa noche. Aunque estábamos libres de guardia, el nerviosismo y la curiosidad no nos permitían descansar”.

Primeras explosiones
Pérez también recordó el inicio de las acciones bélicas en la madrugada del 2 de abril. “Cerca de las 4 de la mañana empezamos a ver los primeros explosivos. No conocíamos las islas, todo era oscuridad”, explicó.
“A las 5 ya se acercaba el Cabo San Antonio con soldados del Ejército, del Regimiento de Infantería 25 al mando del Teniente Coronel Seineldín. También el rompehielos Almirante Irízar, con infantes de marina que iban a ser helitransportados” comentó sobre el arribo de soldados argentino.
Ese despliegue generó cierta tranquilidad: “A las 6, cuando comenzó el combate más intenso y se podía ver mejor, empezamos a percibir las islas de otra manera”.

Misión inesperada
El ex combatiente reveló que la misión tomó por sorpresa a muchos de los involucrados. “Nosotros fuimos los primeros en enterarnos que íbamos a la recuperación de Malvinas. Pensábamos que nos dirigíamos a un conflicto con Chile, por la situación del Canal de Beagle”.
La incertidumbre inicial dio paso al cumplimiento del deber. “Éramos profesionales y teníamos que cumplir la misión lo mejor posible” dijo Pérez.
Fue una sensación muy difícil, dado que nosotros zarpamos el día 28 de marzo de 1982 de Puerto Belgrano. El día 28 fue normal, el día 29 fue un poquito inestable, el día 30 y 31 fue insoportable la navegación, ya que teníamos oleaje entre 6, 7 y 8 metros de altura y un viento entre 110 y 120 kilómetros por hora» recordó.
El significado de la guerra
Consultado sobre lo que significó el conflicto, Pérez reflexionó: “En ese momento no significaba nada. Era cumplir con la misión. Después, con el tiempo y todo lo que se fue conociendo, uno toma dimensión de lo que hizo”.
Además, recordó el extenso período que permanecieron en operaciones. “Salimos el 28 de marzo y regresamos recién el 24 de julio. Incluso después de finalizada la guerra, seguimos trabajando con buques ingleses que trasladaban prisioneros argentinos”.
El último día: derrota y silencio
Uno de los momentos más duros fue el final del conflicto. “El último día nos dijeron que nos estábamos por rendir. Eran las 10 de la mañana. No lo podíamos creer”, relató. “La euforia con la que fuimos se transformó en tristeza y llanto. Ver a los jefes derrotados nos afectó a todos, cabizbajos, en silencio, como en un luto permanente”.
Fuente: El Concordiense.
