Nos encontramos atravesando la era de la transformación digital. Esto implica que la cultura va cambiando. Educación, cultura digital y Salud Mental.
La pregunta que deberíamos hacernos hoy, desde la escuela, es cuál es el rol que adoptamos frente a esta transformación, especialmente cuando experimentamos una crisis económica, política y social que, de acuerdo a los especialistas en salud mental, acrecienta las enfermedades debido a la angustia, el estrés, la autoexigencia y la desesperación.
Aquí la cultura digital se convierte muchas veces en un peligro cuando ocupa el lugar de lo humano. Es decir, pasamos de usar lo digital a ser usados por los monopolios digitales que, a través de algoritmos, pretenden economizar costos y dar una respuesta general a los problemas individuales.
En épocas de IA
Actualmente está proliferando una práctica muy común que es la búsqueda de diagnósticos y curas en la web, especialmente con Inteligencia Artificial. Ante este fenómeno es importante entender como sociedad que las problemáticas son singulares y necesariamente necesitan de alguien que pueda escucharlas, pero ese alguien debe ser un otro real que haya estudiado para ello.
La pregunta es por qué. Porque la problemática singular implica una respuesta singular. No todos atravesamos los avatares de la vida de la misma forma, ni lo expresamos de la misma manera.
La Inteligencia Artificial no nos ve, no entiende de tonalidades afectivas, de detalles minúsculos, de movimientos que pueden ser síntomas relevantes de nuestros padecimientos, porque muchos de ellos son inconscientes. Por lo tanto, ni nosotros los identificamos ni se los podemos describir a un otro digital. En este sentido, la terapia como espacio de cura dista diametralmente de estas prácticas contemporáneas.
Rol institucional
Sería muy importante comenzar a cuestionarnos, como educadores, como familia y como Estado, el lugar que ocupa la IA frente a los problemas de la salud mental.
La regulación del uso y la prevención son dos recursos indispensables para enseñar que todo ser humano que padece un problema de índole mental necesita ser atendido, visto y escuchado. Pero esa escucha debe ser atenta, debe respetar los silencios, analizar los gestos, identificar los detalles. Es una tarea que solo puede atender otra persona especializada.
Solo así nuestras problemáticas serán atendidas desde la singularidad. A partir de una estructura teórica del especialista, nuestro padecimiento cobrará vida desde el diálogo, de la mirada y de la escucha atenta, y se podrá empezar a identificar, mediante los síntomas, una orientación que permita conducir a una mejora vital.
Comparaciones
Podríamos pensar en la aparición de Wikipedia, un diccionario universal. Cuando surgió se convirtió en la solución a “todo” lo que necesitábamos saber; sin embargo, las instituciones escolares identificaron rápidamente sus vacancias y errores.
Fue a través de los responsables nacionales de la educación que se ejecutaron distintas políticas educativas que redundaron en acciones para la formación, en aquella época, de “usuarios críticos”; es decir, enseñar que no todo lo que dice Wikipedia o todo lo que hay en internet es cierto ni soluciona todo.
En un ejemplo concreto podría decirse hoy que le estoy contando a la IA que estoy triste y en la mitad del relato se corta la luz, me quedo sin datos o se rompe el dispositivo… y se termina la solución.
Políticas públicas
Hoy necesitamos políticas públicas que promuevan el uso racional de la IA, porque ella no soluciona todo y, sobre todas las cosas, no reemplaza el lugar del ser humano.
Ante la proliferación de “diagnosticadores” y “curanderos” virtuales, la responsabilidad es comprender que responden a una totalidad de espectadores, no a mi situación existencial en este momento.
Por Mg. en Educación – Lic. en Filosofía
Natalia J. Ruiz Díaz
