Jorge “Comitas” Comas brilló en el fútbol argentino y mexicano, alcanzó la fama y el reconocimiento, pero una serie de decisiones personales y problemas judiciales lo llevaron a la cárcel.
La vida de Jorge Alberto Comas es una de esas historias que reflejan el costado más crudo del deporte profesional. Nacido en Paraná hace 65 años, supo tocar el cielo con las manos como delantero en equipos de renombre como Boca Juniors, Colón de Santa Fe y Vélez Sarsfield, además de convertirse en ídolo en México con los Tiburones Rojos de Veracruz.
Su talento lo llevó incluso a integrar la selección argentina en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. En aquellos años, “Comitas” era sinónimo de goles, carisma y popularidad. Sin embargo, ese éxito no logró sostenerse en el tiempo.

Del estrellato a la cárcel
Tras retirarse del fútbol a los 33 años, su vida dio un giro abrupto. Problemas personales, conflictos familiares y adicciones comenzaron a erosionar su estabilidad. “En un momento estuve más muerto que vivo”, reconoció el propio exdelantero en una entrevista, al describir el profundo cuadro depresivo que atravesó luego de colgar los botines.
El punto más crítico llegó en junio de 2021, cuando fue denunciado por violencia de género tras agredir físicamente a tres vecinas en México. El hecho derivó en una condena que lo llevó a prisión en el Centro de Readaptación Social La Toma, en el estado de Veracruz. Recuperó la libertad a fines de 2024, pero su situación ya era completamente distinta.
Radicado desde 2004 en Veracruz, Comas quedó prácticamente sin recursos. Según trascendió, fue despojado de sus bienes y actualmente sobrevive con ayuda ocasional de allegados y algunos fanáticos que aún recuerdan sus años de gloria. Su figura, alguna vez admirada en estadios colmados, hoy contrasta con la imagen de un hombre que transita las calles en condiciones cercanas a la indigencia.

Conflictos
Su historia también estuvo atravesada por conflictos con el entorno. El periodista Miguel Rocha Solano recordó un episodio violento ocurrido en 2012, cuando Comas lo increpó y agredió tras una discusión en su restaurante. “Cuando jugaba y metía goles se maquillaba todo, pero se metió en drogas, alcohol y perdió todo”, señaló.
Padre de nueve hijos, el exfutbolista reconoce que el final de su carrera marcó el inicio de su peor etapa. Las peleas familiares y el sentimiento de abandono profundizaron su aislamiento. “Mis amigos y familiares me usaron. Cuando dejé de jugar no me dieron ni la hora”, expresó en su momento.
Hoy, lejos de los flashes y las ovaciones, Jorge Comas intenta sostenerse como puede. Aún ligado al fútbol en ligas amateurs, busca en la pelota un refugio frente a la soledad.
