Home Interés GeneralEditorial | Periodismo en tiempos de inteligencia artificial: entre la herramienta y el criterio

Editorial | Periodismo en tiempos de inteligencia artificial: entre la herramienta y el criterio

by Federico Gularte

Hace apenas dos décadas, el ejercicio del periodismo estaba atravesado por rutinas que hoy parecen de otra era. Las coberturas requerían libretas, grabadores analógicos, horas desgrabando de forma manual y cierres que dependían, muchas veces, de la capacidad física de procesar información en tiempo real. La verificación implicaba llamadas telefónicas, archivos en papel y una red de contactos que se construía con paciencia y territorio.

Hoy, ese mismo oficio convive con herramientas como ChatGPT, aplicaciones de transcripción automática como Otter.ai o Notta, y sistemas de inteligencia artificial capaces de resumir documentos, sugerir títulos o incluso redactar borradores completos en segundos. La diferencia no es menor: lo que antes llevaba horas, hoy puede resolverse en minutos.

La pregunta, entonces, no es si la tecnología cambió el periodismo. Eso es evidente. La verdadera discusión pasa por entender para qué llegó la inteligencia artificial: ¿para mejorar la calidad del trabajo? ¿para ahorrar tiempo? ¿para simplificar procesos? ¿o para reemplazar etapas que antes eran centrales en la construcción de una noticia?

En términos operativos, el beneficio es claro. La IA permite optimizar tiempos, automatizar tareas repetitivas y liberar recursos para enfocarse en lo verdaderamente relevante: el análisis, la investigación y la contextualización. Un periodista ya no necesita pasar horas transcribiendo una entrevista; puede dedicar ese tiempo a contrastar fuentes, profundizar datos o enriquecer el enfoque de la información.

Sin embargo, esa misma facilidad abre un debate incómodo. Si todo puede hacerse más rápido, ¿se hace mejor? La velocidad no siempre es sinónimo de calidad. El riesgo de depender excesivamente de herramientas automatizadas es la pérdida de criterio, de mirada propia, de ese “olfato periodístico” que no se entrena con algoritmos sino con experiencia, calle y formación.

Hace 20 años, el valor diferencial estaba en acceder a la información. Hoy, en un contexto de sobreabundancia de datos, el verdadero valor está en interpretarla. Y ahí es donde la inteligencia artificial todavía no reemplaza al periodista: puede ordenar, sugerir, incluso redactar, pero no tiene responsabilidad editorial ni compromiso con la verdad.

También es cierto que no todos los profesionales han incorporado estas herramientas. Muchos continúan trabajando con lógicas tradicionales, ya sea por resistencia al cambio o por convicción. Y esa coexistencia marca una transición: el periodismo actual no es completamente digital ni completamente analógico, sino una mezcla de ambos mundos.

Entonces, ¿cuál es el real beneficio de la inteligencia artificial en el periodismo? Probablemente no sea uno solo. Es una herramienta que, bien utilizada, potencia el trabajo, reduce tiempos muertos y permite elevar el nivel de producción. Pero mal utilizada, puede empobrecer contenidos, homogeneizar discursos y debilitar la esencia del oficio.

La clave no está en la tecnología, sino en quién la usa. La inteligencia artificial no vino a reemplazar al periodista, sino a ponerlo a prueba. A obligarlo a redefinir su rol, a jerarquizar su criterio y a demostrar que, más allá de cualquier algoritmo, el valor del periodismo sigue estando en la capacidad humana de preguntar, dudar y contar la realidad con responsabilidad.